• Viviendas innovadoras para personas mayores

    Frente a las cifras mundiales de envejecimiento, los cambios que se avecinan en la sociedad impactarán a todo nivel, representando no solo un reto para los profesionales sino que para los propios adultos mayores y sus familias que anhelan vivir más y con buena calidad de vida. Es de esperar que estos imperativos sociales se coloquen verdaderamente sobre la agenda política y social, de manera de que se destinen mayor cantidad de recursos para su resolución a la velocidad que se requiere.
    Ya se sabe y se habla extendidamente en la literatura especializada de la “crisis del cuidado”, situación que se ha desencadenado por un cambio radical al interior de las familias (familia nuclear con menos miembros, migración, caída en la tasa de natalidad, retraso en la edad de tener hijos, etc.) y la salida de la mujer al mercado laboral, así como el cambio en los valores culturales imperantes, dando paso al individualismo, al hedonismo y a una menor solidaridad intergeneracional. Todo ello tiene un efecto importante y conlleva la pregunta ¿quién se hará cargo de las personas mayores? Y ¿de quién es la responsabilidad en última instancia?
    Se trata de preguntas difíciles sin una sola respuesta, su respuesta dependerá de la persona mayor, de sus recursos (económicos, socioculturales, familiares, salud), del soporte social al que pueda acceder, del escenario estructural en el que habita, entre otros factores. De todas formas una cosa es segura: ante el escenario de envejecer en una residencia o hacerlo en casa, la mayoría de nosotros prefiere su hogar. Ello no es extraño, puesto que allí habitan los recuerdos y la historia personal del individuo.
    En el extranjero, hacia donde miramos para buscar ideas nuevas, han surgido soluciones innovadoras a este dilema, las que permiten a la persona mayor vivir en su casa o la casa de familiares, sin necesidad de la temida institucionalización.
    En esta línea han surgido alternativas como los “medcottages” en Virginia, EE.UU. Se trata de una casa que se fabrica dentro de la propiedad de residencia de los familiares, (respetando la individualidad del mayor), que cuenta con todos los dispositivos de control de la salud para que la persona mayor se encuentre segura. El interior es una casa cómoda que usa el espacio eficientemente para vivir, dormir y asearse. Está equipada – y ahí lo innovador – con los últimos avances tecnológicos, asistiendo a la persona mayor a través de implementos robóticos en la monitorización de signos vitales, filtro del aire de contaminantes y es capaz de comunicarse en forma inteligente con el exterior para buscar ayuda si se requiere, ya que contiene sensores que alertan si el mayor presenta una caída y posee además un sistema computacional que recuerda a la persona mayor si es que debe tomar un medicamento.
    Claramente, existen desafíos importantes que requieren creatividad e innovación para resolverse de manera eficiente y sustentable en términos económicos, a través de la implementación de ideas nuevas y en el futuro se vislumbra una explosión de interés e iniciativas en torno al tema gerontológico debido a su inminente necesidad.
    Es mi convicción que no se puede lograr un resultado nuevo probando siempre el mismo camino, lo que llevado a la innovación, quiere decir que solamente desarrollando ideas nuevas, y probando sus resultados, podremos encontrar nuevas respuestas. No se puede descartar ideas nuevas en forma a priori sin la debida prueba de realidad.
    En España están implementando las viviendas compartidas que se han pensado como el desarrollo de proyectos inmobiliarios tipo cooperativas. Existiendo un grupo de personas que quieran constituir la cooperativa, se establece una especie de sociedad sin ánimo de lucro que va a construir la vivienda. El objetivo social de la cooperativa es crear, utilizar, mantener y gestionar el complejo residencial diseñado para los usuarios del complejo residencial. Se pueden incluir servicios sanitarios, de ocio y servicios que quieran tener los usuarios, como recintos para actividades ocupacionales, actividades físicas, servicios de limpieza, servicio de lavandería, servicio de cocina-comida, etc.). En el caso específico del “Cohousing Senior”, la idea central es la creación de un complejo habitacional que suponga la cooperación entre las personas habitantes y el logro de una buena calidad de vida, adaptando espacios para el goce del tiempo libre. Visto así, envejecer no tiene por qué suponer un problema económico o social, ya que se soluciona el problema de la soledad, se reafirman vínculos, se logra la pertenencia a un grupo, se reducen costos de vivienda y mantención (costo efectivo) y se logra finalmente la cohesión social y solidaridad que permite el logro de una buena salud mental. Ejemplos en el mundo existen en Reino Unido, Suecia, Dinamarca, Canadá, EE.UU. Australia, Alemania, Noruega, entre otros.
    Estas ideas pueden resultar lejanas para países como el nuestro, sin embargo, representan modelos a seguir, verdaderos referentes que pueden ser tomados en cuenta a la hora de diseñar políticas públicas y proyectos gerontológicos. La innovación requiere de una mirada amplia, y en este caso de poder ser capaces de tomar lo que hacen otros países como guías, que a diferencia del nuestro, han tenido más tiempo para prepararse ante el fenómeno del envejecimiento. Se pueden hacer las adaptaciones pertinentes y es necesario hacerlas.
    Innovar es el reto para este siglo. Lo es en gerontología y en las nuevas generaciones de profesionales. ¿Estamos preparados para ello? ¿Queremos dar ese paso?

    Sitios web consultados:
    www.livingcohousing.com
    www.jimcarroll.com

    Diana León
    Psicóloga, Doctora en Psicología Clínica y de la Salud.
    Especialista en temas de vejez y envejecimiento.